Ochenta años y siete partidos para alcanzar la gloria
Siete son los partidos que ha necesitado la selección española para proclamarse campeona del mundo por primera vez en su historia, ochenta años después de la disputa del primer Mundial. Exactamente los mismos que Nadal necesitó en el último Wimbledon para añadir otra estrella de color verde en la bolsa que utiliza para llevar sus raquetas. Nadal dibujó entonces su octava estrella, la selección acaba de conseguir su primera. Y tiene un valor enorme por todo lo que significa. El triunfo de España es el justo premio a la combinación perfecta de humildad, talento y juego de equipo. Esta vez, como suele decir Lillo, el equipo ganador también coincide con el mejor equipo. Siempre fiel a sus convicciones y a su visión del fútbol, la selección no para de cosechar elogios y ha conseguido rendir al mundo entero a los pies de su creatividad y, sobre todo, de su calidad.
Futbolistas como Casillas, Piqué, Puyol, Busquets, Xavi, Iniesta, Xabi Alonso o Villa han brillado en este Mundial muy por encima de otras estrellas de las que el mundo entero estaba pendiente. España ha vuelto a demostrar (a algunos se les está empezando a olvidar) que el fútbol es un deporte colectivo y ningún jugador ha escatimado esfuerzos, ofreciéndose y sacrificándose, sin estridencias, por el bien común. De puertas hacia afuera, con la humildad personificada en Vicente Del Bosque, nadie ha dicho nunca una palabra más alta que otra y tanto la calma como la sobriedad han sido compañeras en sus declaraciones públicas durante este Mundial. Han creído en ellos mismos y han sufrido y disfrutado en el campo de fútbol tanto o más que nosotros viéndoles jugar.
No ha sido nada fácil levantar la Copa de Mundo. A la ansiada final llegaba también Holanda, con toda su leyenda a las espaldas y dos subcampeonatos, el primero en 1974 y el siguiente cuatro años después. La selección de Van Marwijk entraba al Soccer City Stadium con la intención de no fallar una vez más. Por su parte, España saltaba al campo a disputar su primera final mundialista. Atrás quedaban la anomalía de la primera jornada, la clasificación lograda contra los rocosos chilenos de Bielsa, los octavos contra la Portugal de Cristiano, los cuartos contra la incómoda Paraguay y la excelente victoria en semifinales contra Alemania. Una final a cara de perro en la que se vieron imágenes bien distintas en cada uno de los equipos.
La selección española, como ya es costumbre, quiso controlar el partido desde el principio y no se arrugó ante el juego barriobajero y canalla de una Holanda decepcionante, empeñada en alejarse de la historia de su camiseta al no dudar en usar la violencia meditada (ya lo avisaron antes del partido) como medicina contra el talento. La intolerable dureza de los oranjes, encabezada por un desquiciado Van Bommel, unida a la desastrosa y vergonzante actuación del árbitro inglés, Howard Webb, marcó el partido desde el primer minuto. Permisivo como pocos, el árbitro optó por olvidarse del reglamento y decidió que algunas reglas básicas del fútbol simplemente no son aplicables en la final de un Mundial. Se disfrazó de avestruz y mantuvo la cabeza escondida en la tierra mientras los holandeses pegaban patadas impunemente. Triste y penoso colofón a un Mundial manifiestamente deficiente en el aspecto arbitral.
Los noventa minutos no bastaron para cambiar el marcador inicial y hubo que disputar la prórroga, media hora de tiempo extra que no suele permitir descuidos. España siguió a lo suyo y Holanda, con diez desde el minuto 93 por la expulsión de Heitinga, se defendía con la misma intensidad. Hasta que en el minuto 116 apareció Iniesta para controlar un pase al área de Cesc y anotar en un remate de media volea. Un gol que se ha quedado instalado en la memoria colectiva. Iniesta es un futbolista que selecciona sus goles como nadie. Marca pocos, pero los que marca tienen la virtud de ser decisivos. España entera gritaba y se sacudía los nervios. El fútbol se hacía justo y el torneo caía del lado del mejor.
Con este triunfo, España no sólo gana una Copa del Mundo. Además ha sabido prolongar y adaptar un estilo con el que comenzó a brillar en la Eurocopa. Ahora queda por delante la dura tarea de mantenerlo en el tiempo, de saber que no se debe renunciar a él ni siquiera en la derrota, de recordar cómo se llegó hasta aquí cuando regresen los malos tiempos. Sintámonos orgullosos y disfrutemos de nuestra selección. Porque sí, ahora sí, somos Campeones del Mundo.




AMEN!!!
Solo quiero hacer unos apuntes sobre lo que rodea a la selección y al mundial.
Primero felicitar a DON Vicente del Bosque que no sólo nos ha mostrado que es una increible persona, no ha hecho un comentario más alto que otro, nunca se ha puesto a rebatir a los que le critican y lo que es mejor aún, habiendo ganado el mundial no ha pedido rendir cuentas a los que le habian crucificado al principio, no sólo es buena persona sino que ha demostrado que es un profesional increible sabiendo lo que necesitaba España en cada partido y en cada fase del partido, sus cambios siempre han supuesto una mejora extra en la selección.
Segundo. Me parece aberrante que en un mundial se permitan las cosas que se han permitido, empezando por el deficiente nivel de sus arbitros y acabando con la falta de estilo de ciertos equipos como el holandes. Ojalá lleguen a muchas finales más y no ganen ninguna.
Y por último felicitarnos a todos porque “La Roja” nos ha hecho CAMPEONES DEL MUNDO, merecidos campeones y por fin hemos podido cambiar esa mitica frase que nos perseguía “Jugamos como nunca, perdemos como siempre” por “Jugamos como nunca y ganamos como siempre”
Un saludo a todos!!!